Siempre que hablamos de Diversidad, Equidad e Inclusión lo hacemos casi sentando cátedra, como si fueran grandes conceptos reservados a discursos solemnes o planes estratégicos. Pero, si lo pensamos bien, muchos de nosotros, me incluyo quizá nunca nos hemos parado a reflexionar que, en realidad, todo es mucho más sencillo: son una forma de ver la vida y de hacerla más fácil para todos.
Diversidad
La Diversidad es lo que ocurre cuando compartimos espacio con personas distintas: quienes llegan con música por la mañana y quienes necesitan silencio absoluto, quienes traen tupper saludable y quienes viven por y para el bocadillo de tortilla. También quienes tienen otro acento, otra cultura o simplemente otra manera de ver la vida. Esa mezcla de costumbres, estilos, edades, acentos o formas de pensar es lo que enriquece el equipo y da lugar a ideas nuevas (aunque a veces haya que negociar la temperatura del aire acondicionado/calefacción, exigir el paradero de una manta desaparecida).
Porque, en realidad, la diversidad no se trata solo de coexistir bajo el mismo techo, sino de convivir, compartir y aprender de los demás. Quien decide mantenerse al margen o evitar el contacto tiene una percepción distinta del entorno, que desde luego no es diversidad; será otra cosa, quizá incluso su contraria.
Equidad
La Equidad, qué gran palabra.
Todos presumimos de ella, pero viendo cómo está la sociedad, tan polarizada, aún nos falta mucho para poner en práctica su verdadero significado. La equidad consiste en entender que no todos partimos del mismo punto. Que cada persona tiene circunstancias diferentes, y que ser justos no es tratar a todo el mundo igual, sino dar a cada uno las oportunidades que necesita para desarrollarse y entenderse. También significa reconocer que no todos pensamos igual, y que, precisamente por eso, el respeto y la educación deben estar siempre por delante de las diferencias. A veces, unas disculpas sinceras, un apretón de manos, una mirada y una sonrisa bastan para cerrar un problema que nosotros mismos hacemos mucho más grande. La equidad no es una igualdad de copia y pega, sino equilibrio con sentido común y buena convivencia.
Inclusión
Y la Inclusión… ay, la inclusión. Así, en la intimidad o en una conversación de café, qué inclusivos somos todos. Otra cosa es cuando somos más de tres: entonces el significado empieza a variar. Porque la inclusión no es otra cosa que ese ambiente en el que todos sentimos que podemos participar y aportar sin miedo a ser juzgados. Es cuando nadie se queda fuera del café, de la reunión o de la conversación. Es también cuando no nos levantamos de la mesa porque llega alguien que nos incomoda, o cuando elegimos no correr rumores sobre quien piensa o actúa distinto. Es cuando tu voz cuenta, aunque no sea la más alta.
Cuánto tenemos que aprender todavía…
En definitiva, la Diversidad nos enseña a apreciar las diferencias, la Equidad nos ayuda a gestionarlas con justicia y la Inclusión hace que todos formemos parte del mismo proyecto.
Tres palabras que, más que un lema, son una forma de trabajar y de convivir, capaces de crear entornos más humanos, con mejor ambiente y una cooperación más auténtica. Quizá ese sea, precisamente, el verdadero objetivo.


